Seguro de vivienda en Perú: por qué solo el 3,3% está protegido frente a un sismo
Perú ha multiplicado su patrimonio inmobiliario en los últimos años, pero la protección de ese capital sigue siendo una asignatura pendiente. Según el Censo 2025 del INEI, el país registra 13,76 millones de viviendas particulares, frente a los 10,1 millones de 2017. Sin embargo, apenas el 3,3% de esos hogares cuenta con un seguro activo, una cifra alarmante si se considera que el país se ubica en una de las zonas sísmicas más activas del planeta.
El crecimiento patrimonial no resuelve por sí solo la vulnerabilidad estructural. Un terremoto de gran magnitud en la costa peruana podría dejar inhabitable, en cuestión de minutos, una vivienda que tomó décadas pagar. Sin ahorros suficientes, sin crédito vigente y sin póliza, la pérdida se vuelve irreversible para la familia afectada.
¿Por qué las familias abandonan el seguro una vez que pagan su hipoteca?
Existe una paradoja poco discutida en el mercado peruano. Muchas familias contratan un seguro de hogar porque el banco lo exige como condición del crédito hipotecario, pero lo cancelan en cuanto el inmueble pasa a ser completamente suyo. El riesgo, sin embargo, no desaparece con la última cuota.
Según APESEG, el 88% de las pólizas de seguro de hogar en Perú está vinculado a un crédito hipotecario. Solo el 12% se mantiene vigente una vez cancelada la deuda. Javier Venturo, vicepresidente Ejecutivo de la División Legal y Regulación de RIMAC, lo plantea con claridad:
“El riesgo no desaparece con la última cuota. La vivienda sigue expuesta a incendios, inundaciones, robos y, sobre todo, a terremotos”.
¿Qué cubre un seguro domiciliario y por qué conviene tenerlo?
Un seguro de hogar no evita que ocurra el siniestro, pero permite gestionar sus consecuencias económicas. Dependiendo de la póliza, puede cubrir la estructura de la vivienda, los bienes en su interior, responsabilidad civil frente a terceros, remoción de escombros, alquiler temporal de una vivienda sustituta y asistencia ante emergencias domésticas.
En la práctica, el seguro convierte una pérdida potencialmente devastadora en un riesgo administrable. Es una herramienta de gestión financiera, no un gasto superfluo.
¿Qué pasaría si ocurre un terremoto de gran magnitud sin tener seguro?
Un sismo severo podría dañar miles de viviendas, dejar inutilizables servicios básicos durante semanas y obligar a demoler estructuras comprometidas. Sin una póliza vigente, el propietario tendría que asumir la reconstrucción con recursos propios, lo que puede reducir a una fracción el valor de un patrimonio acumulado durante décadas. La contingencia deja de ser un problema inmobiliario y se convierte en una crisis financiera familiar de largo plazo.
¿Por qué tan pocas familias peruanas contratan un seguro de hogar?
RIMAC identifica varias causas de la baja contratación:
- Limitada educación financiera.
- Percepción del seguro como un gasto y no como una herramienta de protección.
- Desconocimiento sobre las coberturas disponibles.
- Tendencia a subestimar riesgos de baja frecuencia pero alto impacto.
- La creencia de que el seguro solo es necesario mientras existe una hipoteca vigente.
¿Qué impacto tiene la baja cobertura de seguros a nivel país?
El problema trasciende lo individual. Cuando los hogares no están asegurados, la presión por la recuperación tras un desastre recae más sobre los recursos públicos o sobre el endeudamiento de las familias afectadas. Un mayor nivel de aseguramiento permitiría transferir parte de ese riesgo al sistema asegurador y acelerar la recuperación económica del país tras un evento sísmico de gran escala.
Como concluye Venturo:
“La pregunta relevante ya no es cuánto cuesta asegurar una vivienda, sino cuánto se pierde al no contar con esa protección”.
¿Qué se necesita para cerrar esta brecha aseguradora?
El desafío es compartido entre varios actores. Las aseguradoras deben simplificar sus productos. El sistema financiero puede promover coberturas más allá del crédito hipotecario. El Estado debe fortalecer la educación financiera vinculada a la gestión del riesgo de desastres.
Mientras esa articulación no se dé, millones de viviendas peruanas seguirán expuestas a que un solo evento sísmico borre, en cuestión de minutos, el patrimonio de toda una vida. La protección del patrimonio no es un lujo, es una condición para la estabilidad económica de las familias y del país.