La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió el miércoles 22 de octubre de 2026 que el actual fenómeno de El Niño podría alcanzar una intensidad sin precedentes, superando los registros meteorológicos de las últimas cuatro décadas. El evento, que alcanzará su punto máximo a finales de 2026, ya produce efectos severos en América Latina, y Perú y Ecuador figuran entre los países más expuestos a un trimestre crítico entre diciembre y febrero.
Según la cobertura de El Comercio Perú, el llamado Súper Niño ha impulsado inundaciones severas en Chile, una temporada de huracanes excepcionalmente activa en el Pacífico oriental, sequías en Centroamérica y en la cuenca amazónica, y disturbios climáticos que alcanzan Indonesia, India y Japón. La evidencia acumulada confirma los pronósticos científicos y, en algunos casos, los supera.
Chile: inundaciones que exceden lo previsto
Chile concentra el impacto más visible del fenómeno en el Cono Sur. Santiago ha registrado aluviones de agua y barro que dañaron viviendas, comercios y vehículos, mientras el resto del país experimenta un clima anormal: desde granizo y lluvias severas hasta nevadas en plena primavera.
“Se está viendo lo que se había pronosticado y, en algunos casos como en Chile, probablemente más impacto de lo esperado”, dijo a BBC Mundo Julián Báez, director para las Américas de la OMM.
“Santiago, como es una ciudad más densamente poblada, tiene más exposición. Pero los efectos se han visto en el norte, se han visto en el centro, se han visto en el sur”, añadió el experto.
La advertencia es doble: el fenómeno climático expone la fragilidad de la infraestructura urbana latinoamericana, un terreno donde la planificación estatal rigurosa y la inversión en resiliencia valen más que cualquier discurso de emergencia. Las ciudades densamente pobladas pagan el precio de décadas de planificación deficiente.
La cuenca del Paraná y el doble filo de las lluvias
En el sureste de Sudamérica, Paraguay, el sur de Brasil, Uruguay y el norte de Argentina registran precipitaciones que exceden claramente los parámetros de un año normal. La cuenca del río Paraná acumula un exceso de agua que obligó a la represa de Itaipú a liberar caudal, generando inundaciones en sectores de Paraguay y Argentina, e incluso la inhabilitación del parque nacional de Iguazú.
“En Asunción, tuvimos una granizada nunca vista el 2 de octubre. Esto genera intranquilidad de las personas, que quedan muy sensibles a cualquier evento hidrometeorológico”, explicó Báez.
Perú y Ecuador: los países más expuestos
El diagnóstico de la OMM es particularmente duro para la región. “Ecuador y Perú son los dos países que probablemente puedan resultar más afectados que cualquier otro, porque tienen los dos efectos: en el lado amazónico sequías, que afectan las zonas donde tienen sus hidroeléctricas y ya hay regulación de energía por la reducción de agua”, advirtió Báez.
“Pero en las costas tienen excesos de lluvias, en el norte de Perú y el sur de Ecuador”, añadió.
Este doble impacto, sequía amazónica e inundaciones costeras, plantea un desafío directo de gestión pública. La regulación energética ya en curso por la reducción hídrica anticipa costos económicos que recaerán sobre las empresas y los hogares. La experiencia peruana de 2017, con el Niño Costero, dejó lecciones sobre el precio de la improvisación: la respuesta estatal oportuna, basada en evidencia técnica y no en cálculos políticos, es la única vía para amortiguar el golpe.
Los efectos más extremos para ambos países aún están por llegar, entre diciembre y febrero, según el análisis recogido por La Opinión.
Huracanes récord en el Pacífico, un Atlántico inquietantemente quieto
El contraste entre ambas cuencas oceánicas ilustra la física del fenómeno. En el Pacífico oriental se han registrado 22 tormentas con nombre y 12 huracanes, incluidos 10 ciclones de categoría mayor, cuando una temporada promedio completa apenas alcanza cifras menores y aún faltan dos meses de actividad.
El huracán Polo se intensificó rápidamente hasta producir ráfagas de 285 km/h cerca de las costas de México, alimentado por aguas excepcionalmente cálidas. En dos ocasiones durante el último mes se formaron tres huracanes simultáneos en la misma cuenca, algo que no ocurría desde 2015.
El Atlántico, en cambio, permanece inusualmente tranquilo. El Niño aumenta la cizalladura del viento en el Atlántico Norte, factor que desintegra las tormentas antes de que se formen. Solo se ha registrado el huracán Isaías, que tocó tierra en el noroeste de Florida y Alabama, el de formación más tardía desde la era de los satélites, según reportó Hecho en California reproduciendo el análisis de BBC News Mundo.
“En el Caribe es muy claro lo que está aconteciendo. Absolutamente cero ciclones tropicales”, destacó Báez.
Sequías, incendios y presión sobre la agricultura
El Niño produce efectos opuestos dentro de un mismo país. Desde el sureste de México hasta Costa Rica la caída del promedio de lluvias ya golpea la agricultura local. El mismo patrón se observa en partes de Colombia y Brasil, donde la menor disponibilidad de agua para las represas coincide con un incremento de incendios forestales.
“Toda la cuenca del Amazonas, que incluye gran parte de Brasil, pero también Ecuador y Perú, están presentando sequías”, señaló Báez.
India enfrenta un monzón un 13% por debajo del promedio, con consecuencias directas sobre su agricultura. Indonesia, en tanto, lucha contra su peor temporada de incendios forestales en una década: casi 900.000 hectáreas quemadas desde enero, más del doble de lo consumido el año anterior. Cerca de 175.000 personas han sufrido enfermedades respiratorias, con más de 40.000 casos en niños pequeños, según el reporte difundido por EL DEBER.
Japón y el este de China no escapan al fenómeno. La Agencia Meteorológica de Japón contabiliza 10 ciclones tropicales formados en el Pacífico occidental, la cifra más alta desde 1966. El calentamiento del Pacífico desplaza la formación de ciclones hacia el este, lo que les da más tiempo y distancia para alimentarse de aguas cálidas y convertirse en tifones más intensos antes de tocar tierra.
La agenda que la región no puede aplazar
“Los efectos de El Niño son de libro de texto: se están dando de manera muy contundente en las zonas donde normalmente se espera que impacten dado que las condiciones del evento son muy fuertes y continúan fortaleciéndose”, advirtió Báez.
Para los decisores públicos de la región, el mensaje de la OMM es un ejercicio de responsabilidad presupuestaria antes que ambiental: cada sol invertido en infraestructura de prevención, ordenamiento territorial y sistemas de alerta temprana evita pérdidas multiplicadas después. La secretaria general del organismo, Celeste Saulo, fue clara en que los efectos “se sentirán mucho después” del punto máximo de finales de 2026. Perú y Ecuador tienen hasta diciembre para preparar la respuesta. El margen es estrecho y la evidencia, abundante.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo alcanzará su punto máximo el actual fenómeno de El Niño?
Según la OMM, el fenómeno alcanzará su máximo a finales de 2026, pero sus efectos se sentirán mucho después, con la temporada más crítica para Perú y Ecuador entre diciembre y febrero.
¿Por qué Perú y Ecuador son los países más afectados?
Porque combinan sequías en la Amazonía, que ya obligan a regular la generación hidroeléctrica, con excesos de lluvias en el norte de Perú y el sur de Ecuador, según el director para las Américas de la OMM, Julián Báez.
¿Qué diferencia al Pacífico del Atlántico en esta temporada?
El Niño intensifica los huracanes del Pacífico oriental, con 12 ya registrados, mientras aumenta la cizalladura del viento en el Atlántico Norte y desintegra las tormentas antes de que se formen.
