Crisis institucional peruana: análisis del gobierno Jerí
El gobierno del presidente encargado José Jerí Oré enfrenta una crisis de legitimidad que expone las profundas debilidades del sistema político peruano. Las denuncias por vínculos con empresarios chinos y presunto tráfico de influencias revelan un patrón de gobernanza deficiente que trasciende las personas para convertirse en un problema estructural.
Un ascenso fortuito al poder
Jerí llegó a la presidencia por una concatenación de circunstancias políticas, no por mérito propio. Con apenas once mil votos en las elecciones originales, su ascenso ilustra las distorsiones del sistema democrático peruano. La coalición gobernante, en su cálculo político, apostó por un perfil técnico que pudiera distanciarse de la gestión Boluarte, pero sin considerar las capacidades reales de liderazgo requeridas.
La estrategia inicial de adoptar un perfil hiperactivo en redes sociales demostró ser insuficiente para abordar los desafíos estructurales del país. La delincuencia organizada, las extorsiones y la inseguridad ciudadana requieren respuestas institucionales sólidas, no comunicación digital.
El factor China y las relaciones bilaterales
Las reuniones no oficiales con el empresario Zhihua Yang plantean interrogantes sobre la transparencia en las relaciones económicas bilaterales. Perú mantiene vínculos comerciales estratégicos con China, pero estos deben canalizarse a través de instituciones formales y procesos transparentes.
La presión geopolítica estadounidense ha complicado el equilibrio diplomático peruano, pero esto no justifica canales paralelos de negociación. La adjudicación de contratos públicos, especialmente en infraestructura, debe seguir procedimientos competitivos y transparentes que garanticen el interés nacional.
Déficit de gobernanza efectiva
Más allá de los escándalos específicos, el gobierno Jerí evidencia una carencia fundamental: la incapacidad de generar políticas públicas efectivas. Los ciudadanos enfrentan problemas cotidianos que requieren soluciones técnicas y recursos bien administrados, no declaraciones mediáticas.
La aprobación presidencial del 30% refleja una desconexión entre las expectativas ciudadanas y la capacidad de respuesta institucional. Esta brecha no se resuelve con cambios de personas, sino con reformas estructurales que fortalezcan la institucionalidad democrática.
Perspectivas de estabilidad política
La eventual sucesión presidencial no garantiza mejores resultados si no se abordan las causas profundas de la crisis. El sistema político peruano requiere reformas que incentiven la meritocracia, la transparencia y la rendición de cuentas.
La clase política debe comprender que la legitimidad democrática se construye con resultados concretos, no con maniobras parlamentarias. Los ciudadanos demandan eficiencia gubernamental, no espectáculos mediáticos.
El caso Jerí representa una oportunidad para reflexionar sobre las reformas institucionales necesarias para fortalecer la democracia peruana y garantizar una gobernanza efectiva que responda a las necesidades ciudadanas.