La oposición peruana se desmorona: ¿fracaso anunciado o falta de estrategia?
El nuevo Congreso peruano, que asumirá funciones en las próximas semanas, ya muestra signos alarmantes de debilidad en la oposición política. Cuatro partidos —Juntos por el Perú, Obras, Ahora Nación y Buen Gobierno—, que suman 74 de 130 votos en la Cámara de Diputados y 30 de 60 en el Senado, se presentan como la alternativa al oficialismo de Fuerza Popular y su eventual aliado, Renovación Popular. Sin embargo, las disputas internas y la falta de unidad estratégica amenazan con convertir esta mayoría en una oportunidad perdida.
El control de las mesas directivas: clave para la gobernabilidad
Las presidencias de ambas cámaras son vitales. En el Senado, donde se requieren 31 votos para ganar, la oposición solo cuenta con 23. En Diputados, necesita 66 y tiene 56. La presidencia de cada cámara otorga voto dirimente en caso de empate, control administrativo y capacidad de fijar la agenda legislativa. Sin ese control, la oposición quedaría a merced de un Ejecutivo que ya domina el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia, el Ministerio Público y la Contraloría, y cuyo vocero, Fernando Rospigliosi, ha anunciado su intención de 'barrer' el Poder Judicial.
División interna: el talón de Aquiles de la oposición
El senador Alfonso López Chau, de Juntos por el Perú, anunció el viernes un pacto entre tres partidos —Ahora Nación, Obras y Juntos por el Perú— para repartirse las presidencias: JPP en Diputados y Obras en el Senado. Sin embargo, este acuerdo excluye a Buen Gobierno, que cuenta con 18 diputados y 7 senadores. López Chau calificó la situación como 'tres frente a uno', pero sin los votos de Buen Gobierno, su coalición es insuficiente. El senador ha manifestado su molestia con Jorge Nieto, líder de Buen Gobierno, a quien acusa de no responder sus llamadas. Nieto, por su parte, ha señalado que las negociaciones hacia la izquierda están 'adormecidas' y ha insistido en que las presidencias deben estar en manos de la oposición, aunque sin especificar la conformación completa de las mesas directivas.
El fujimorismo: un adversario experimentado
Fuerza Popular y Renovación Popular necesitan solo un voto más en el Senado para colocar a Miguel Torres como presidente de la cámara. Torres, hijo del expresidente del Congreso durante el gobierno de Alberto Fujimori, busca un triunfo simbólico: poner la banda presidencial a Keiko Fujimori. La experiencia del fujimorismo en operaciones de captación de votos es amplia, y la debilidad de los partidos opositores —con conciencias 'fácilmente impresionables', según la analista Rosa María Palacios— facilita su labor. En Diputados, la situación es más compleja, pero no imposible: si Buen Gobierno se alía con el oficialismo a cambio de la presidencia que le niega López Chau, la coalición opositora se desmoronaría.
¿Qué está en juego?
El país votó en contra del pacto que ha gobernado en los últimos cinco años. Siete de diez partidos no regresaron al Congreso, y un tercio del electorado votó nulo o no participó. Este Congreso, ya poco representativo, corre el riesgo de ser capturado nuevamente por el fujimorismo si la oposición no logra superar sus diferencias. La falta de unidad y la ingenuidad estratégica —como la de López Chau, que cree que 'todo es correlación de fuerzas' cuando en realidad es aritmética básica— pueden condenar a la oposición a una irrelevancia de cinco años.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es tan importante controlar las presidencias del Congreso?
Las presidencias de las cámaras tienen voto dirimente en caso de empate, controlan la agenda legislativa y la administración del Congreso. Sin ellas, la oposición pierde capacidad de influir en el proceso legislativo y de frenar iniciativas del Ejecutivo.
¿Qué puede hacer la oposición para evitar la derrota?
La única opción viable es una negociación real que incluya a Buen Gobierno, ofreciéndole la presidencia de una de las cámaras. Sin eso, la oposición no alcanzará los votos necesarios. Además, debe fortalecer la disciplina interna para evitar deserciones.
¿Cuál es el riesgo de que el fujimorismo gane el control total?
Si el fujimorismo controla ambas cámaras, podrá avanzar con su agenda sin contrapeso, incluyendo reformas judiciales y legislativas que podrían debilitar el estado de derecho y la independencia institucional. La oposición quedaría reducida a un rol testimonial.