Indio Solari: el individuo que venció al mercado cultural
No era raro observar a miles de personas viajar durante horas y dormir a la intemperie por una única razón: escuchar a Carlos Alberto Solari. Lo extraordinario era que este fenómeno de demanda espontánea siguiera vigente en 2017. Sin campañas publicitarias millonarias, sin subsidios estatales y sin la exposición constante en monopolios mediáticos, el músico logró reunir cerca de 300.000 personas para su último recital. Mientras el predio La Colmena se sacudía, nadie imaginaba que nueve años después el Indio Solari moriría a los 77 años, tras una larga lucha contra el Parkinson. Su figura desafía las lógicas del marketing tradicional y ofrece una lectura sobre el individualismo y la libre circulación de la cultura.
La construcción de un mercado cultural alternativo
La historia de esta devoción comenzó en La Plata, donde a mediados de los setenta fundó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota junto a Eduardo Skay Beilinson. Lo que empezó como una propuesta contracultural terminó convirtiéndose en un caso de estudio sobre la construcción de valor sin intermediarios. Mientras la industria discográfica y los monopolios de la televisión dictaban las reglas del éxito, Los Redondos optaron por el libre mercado de los recitales y el boca a boca. Discos como Oktubre, Un baión para el ojo idiota y Luzbelito demostraron que la innovación artística no requiere de la validación institucionalizada.
La economía de la escasez aplicada al arte
Buena parte de su atractivo residía en la racionalidad de sus decisiones. Mientras otros artistas mendigaban exposición permanente, Solari optó por el silencio. Evitaba los programas de televisión, concedía pocas entrevistas y aparecía públicamente solo cuando lo consideraba pertinente. Dueño de una voz áspera, construyó un cancionero con referencias literarias y metáforas políticas. En términos de mercado, la escasez de su presencia multiplicó el valor percibido de su oferta.
Nacido en Paraná en 1949 y criado en La Plata, Solari provenía del mundo del diseño gráfico y la literatura, no de la aspiración a convertirse en una estrella fabricada por la industria. Admiraba a los escritores beatniks y consumía historietas y ciencia ficción. Trabajó en pequeños proyectos gráficos que alimentaron el imaginario que más tarde aparecería en sus canciones. Cuando la banda creció durante los ochenta, ya había entendido que el misterio podía ser más poderoso que la sobreexposición mediática.
La gobernanza ante la masividad
La separación de Los Redondos en 2001 parecía el cierre de esa época, pero el Indio demostró una capacidad de reinversión notable. Con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado amplió su convocatoria, reuniendo cifras extraordinarias incluso para los estándares del rock argentino. En Mendoza convocó a 150.000 personas; en Gualeguaychú superó las 170.000; y en Olavarría alcanzó las 300.000.
Sin embargo, esta masividad expuso una tensión estructural. La noche de marzo de 2017, la logística y la gobernanza del evento quedaron desbordadas por una asistencia muy superior a la infraestructura disponible. Hubo avalanchas humanas, centenares de asistentes descompuestos y dos personas fallecidas. Sin saberlo, el Indio acababa de ofrecer el último recital de su vida. Un fenómeno orgánico de tal magnitud requiere de instituciones sólidas y planificación estatal eficiente para evitar el caos.
Resiliencia, creación y legado
Un año antes de la tragedia, Solari había revelado que padecía Parkinson. Con el tiempo, detalló cómo el trastorno afectaba su vida cotidiana, necesitando ayuda para tareas simples y debiendo aprender a relacionarse con su propio cuerpo. Pese a esto, nunca abandonó la creación. En 2019 publicó sus memorias, Recuerdos que mienten un poco, continuó grabando desde Parque Leloir, lanzó composiciones con El Mister y los Marsupiales Extintos y colaboró con artistas de nuevas generaciones, como Wos.
Tal vez esa haya sido siempre la verdadera dimensión del Indio: alguien que llevó una vida discreta al margen de lo monumental que generaba, demostrando que el talento y la libertad individual pueden construir fenómenos masivos sin apelar al clientelismo ni al Estado.
Mientras él buscaba refugio en ciudades donde pudiera pasar desapercibido, cientos de fans emprendían peregrinajes espontáneos para escucharlo una vez más. Hoy, cuando la noticia de su muerte nace en Argentina, también obliga a reflexionar desde Perú sobre el impacto de la iniciativa individual en la cultura.