El archivo Chambi: patrimonio, empresa y modernización
Una exposición antológica rescata no solo la obra del fotógrafo puneño, sino su visión empresarial y la urgencia de digitalizar nuestro patrimonio
En las salas del Centro Cultural Inca Garcilaso (CCIG) se percibe el movimiento habitual de los montajes previos a una gran inauguración. El próximo 10 de junio abrirá sus puertas CHAMBI. Historia, oficio, archivo y legado, una muestra antológica que ocupará las cinco salas del recinto y que devuelve al maestro puneño al centro del debate cultural peruano. Una década después de la última gran exposición en el Museo de Arte de Lima (2015-2016), el regreso de Martín Chambi (1891-1973) llega en un momento particularmente oportuno para la fotografía nacional.
Lo que distingue a esta exposición de las anteriores no es solo la curaduría, sino el proceso técnico que la hace posible. La Asociación Martín Chambi, compuesta por los herederos directos del fotógrafo, ha completado la digitalización de 40.000 imágenes del archivo original, un trabajo de casi dos años que contó con la asesoría de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y el financiamiento del Fondo de la Embajadora de Estados Unidos en el Perú. La cámara especial adquirida para este fin garantiza la máxima resolución en distintos formatos, elevando el estándar de conservación patrimonial en el país.
Ya podíamos buscar cualquier imagen a través del gran archivo digitalizado que tenemos. Nosotros tenemos digitalizado, catalogado, un archivo de 40.000 fotos.
Lo anterior constituye un modelo interesante de gestión cultural privada. Mientras el Estado peruano avanza con lentitud en la digitalización de sus propios acervos, una asociación de herederos, con cooperación internacional, ha logrado preservar y catalogar uno de los archivos fotográficos más importantes de América Latina. Peruska Chambi, fotógrafa y nieta de Martín, lo expone con claridad: tras la conservación completa del archivo, se inició la segunda etapa, la difusión. El proyecto no se limita a exponer en una galería limeña; incluye talleres educativos en pueblos rurales del Ande, como Quispicanchi, Ocongate y Coasa, la tierra natal del fotógrafo.
El empresario detrás del artista
Una de las narrativas que esta exposición ayuda a corregir es la del supuesto redescubrimiento de Chambi a mediados de los años setenta, seguido de su consagración mundial en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1979. Peruska Chambi es enfática al respecto:
Cuando se dice que lo descubrieron o que lo redescubrieron, es falso. De su maestro Max T. Vargas aprendió la técnica y la gestión cultural. Eso es algo que ha manejado él como una empresa gestora de su propio trabajo. Chambi dejó su trabajo ordenado. De todas maneras, se le iba a dar un valor; él lo sabía. Chambi se sentía grande y sabía lo que estaba haciendo.
Esta dimensión empresarial del artista resulta reveladora. Chambi no fue un creador pasivo a la espera de validación externa, sino un gestor consciente del valor de su producción. Ordenó su archivo, preservó sus negativos y encomendó a sus hijos la conservación de su obra. El archivo ha sobrevivido a ocho mudanzas, las cuatro primeras bajo su propia supervisión. Se trata de una visión de largo plazo que muchos creadores contemporáneos deberían emular.
Del origen a la mirada social
La exposición propone una lectura que parte del origen. Karen Bernedo, co-curadora junto a Peruska Chambi, subraya que Chambi es un personaje integral que recoge muchas dimensiones que atraviesan nuestra vida, nuestra historia. De las 40.000 imágenes disponibles, se seleccionaron 200, organizadas en cuatro ejes: historia, oficio, archivo y legado. La curaduría introduce una dimensión inédita: la conexión entre el origen puneño del autor y su posterior mirada social.
Peruska Chambi lo explica con precisión: La sensibilidad de Chambi parte de su origen. Nunca se desligó de su origen. Era quechuahablante y viajaba mucho; conversaba con la gente, visitaba los pueblos, iba a sus fiestas patronales. No era un fotógrafo turista, él se integraba con el pueblo. Esa integración se traduce en un registro visual que documenta la vida diaria, las cosechas, los obreros, los mercados, las bodas, las señoritas en automóvil. Un archivo vivo que dialoga con la gente y que, como señala Bernedo, se podría convertir en grandes proyectos educativos a nivel de Estado.
Institucionalidad y reconocimiento
Resulta paradójico que el fotógrafo peruano más reconocido internacionalmente siga siendo más conocido en el extranjero que en su propio país. Como cuenta Bernedo: A mis alumnos una vez les enseñé la fotografía del gigante y todos conocían esa fotografía porque es famosa, pero no sabían quién era Martín Chambi. Esta desconexión entre la obra y su autor revela una falla estructural en nuestra política cultural: la ausencia de una estrategia institucional sostenida para la difusión del patrimonio.
La exposición del CCIG tiene, además, un rasgo distintivo relevante. Es la primera vez que dos curadoras mujeres se encargan de la curaduría de Chambi. Peruska Chambi y Karen Bernedo, junto a Gredna Landolt como curadora del área, rompen con una tradición históricamente masculina en la gestión del archivo del fotógrafo puneño. En los miles de exposiciones que ha habido, tanto para libros como para exposiciones físicas, siempre han estado hombres en la curaduría, precisa Peruska.
CHAMBI. Historia, oficio, archivo y legado se inaugura el 10 de junio en el Centro Cultural Inca Garcilaso. Más que una retrospectiva, es una invitación a repensar cómo gestionamos, preservamos y difundimos nuestro patrimonio cultural. El archivo está digitalizado; la tecnología existe. Lo que falta, como siempre, es voluntad institucional.