Las democracias no se definen únicamente el día de la elección, sino en los días intermedios. La forma en que se ejerce el poder tras una victoria y el trato que reciben quienes perdieron son los verdaderos termómetros de la salud institucional. Esta semana, el Perú ofreció tres ejemplos claros de cómo se responden estas preguntas, y ninguno debería dejarnos indiferentes.
¿Qué facultades delegadas aprobó la Cámara de Diputados?
La Cámara de Diputados aprobó delegar facultades al Gobierno de Keiko Fujimori por 90 días, limitadas exclusivamente a seguridad ciudadana y a la respuesta al fenómeno de El Niño. La votación arrojó 66 votos a favor, 34 en contra y 24 abstenciones. El pedido original del Ejecutivo era considerablemente más ambicioso: 120 días y un menú de materias que excedía cualquier situación de emergencia.
En el trayecto se descartaron propuestas controvertidas, como tipificar a las bandas criminales como organizaciones terroristas o ampliar el alcance de la legítima defensa. La pregunta que surge es si la concesión de estas facultades, aun recortadas, representa una decisión prudente o si hubiera sido más coherente rechazar de plano un pedido que resultaba, a la vez, excesivo e impreciso.
El Senado: ¿cámara de revisión o cámara de rescate?
El texto ahora pasa al Senado, y ya circulan voces que sugieren que la Cámara Alta podría
