Shakira y el soft power: cómo las ceremonias del Mundial se convirtieron en plataformas de influencia global
Antes de que Lionel Messi, Kylian Mbappé o Cristiano Ronaldo toquen la pelota, las cámaras se posan en Shakira. No es casualidad ni simple capricho del espectáculo. Durante las últimas dos décadas, la cantante colombiana ha logrado convertirse en un activo simbólico de la identidad mundialista, una figura cuya presencia trasciende lo musical para proyectar narrativas de integración y alcance global.
Este jueves, la artista ocupó el centro de la escena en la ceremonia inaugural de la Copa del Mundo 2026 en el Estadio Azteca. Con la interpretación de Dai Dai, el tema oficial del torneo, Shakira suma un nuevo capítulo a una relación singular con el mayor evento deportivo del planeta, inaugurando además una edición histórica por ser la primera organizada conjuntamente por México, Estados Unidos y Canadá, un modelo de cooperación regional que merece atención.
El Estadio Azteca y la puesta en escena de una alianza trilateral
La ceremonia se celebró en el Estadio Azteca de Ciudad de México, un recinto cargado de simbolismo para el fútbol mundial. Frente a miles de espectadores y una audiencia global multimillonaria, Shakira encabezó uno de los momentos más esperados al interpretar Dai Dai, el himno oficial de la Copa del Mundo 2026. La artista estuvo acompañada por el cantante nigeriano Burna Boy, con quien comparte el tema presentado semanas antes por la FIFA como banda sonora del torneo.
La puesta en escena apostó por una mezcla de tecnología, danza y referencias culturales a los tres países anfitriones. Pantallas gigantes, coreografías multitudinarias y una producción diseñada para representar la diversidad de México, Estados Unidos y Canadá sirvieron de marco para un espectáculo que reunió también a artistas como J Balvin, Maná, Belinda, Danny Ocean, Lila Downs y Los Ángeles Azules. Más que una simple presentación musical, la ceremonia fue concebida como una carta de presentación para el Mundial más grande de la historia, un ejercicio de nation branding donde tres naciones buscan proyectar su capacidad de coordinación y su peso en la economía global.
La construcción de un activo cultural: la trayectoria de Shakira en los Mundiales
Su relación con la Copa del Mundo comenzó a consolidarse en Alemania 2006, cuando Hips Don't Lie se convirtió en una de las canciones más asociadas al torneo. Aunque no fue el himno oficial de aquella edición, su popularidad terminó por integrarla al imaginario futbolístico de millones de aficionados alrededor del planeta.
El punto más alto de esa conexión llegó en Sudáfrica 2010. Con Waka Waka (This Time for Africa), Shakira firmó una de las canciones más exitosas en la historia de los Mundiales. El tema trascendió el torneo para convertirse en un fenómeno global, acumulando miles de millones de reproducciones y manteniéndose vigente más de una década después. A ello se sumó La La La (Brasil 2014), otro éxito asociado a una Copa del Mundo. Por eso, su regreso en 2026 tiene una dimensión especial: no se trata únicamente de una artista invitada, sino de una figura que ayudó a definir la identidad musical de los Mundiales modernos, un caso de estudio sobre cómo la industria cultural puede generar activos intangibles de largo alcance.
Las ceremonias como instrumento de软实力: un recorrido reciente
La inauguración de Qatar 2022 demostró hasta qué punto las ceremonias mundialistas se convirtieron en eventos de alcance global. Celebrada en el estadio Al Bayt, la puesta en escena combinó referencias a la cultura árabe con tecnología de última generación y una fuerte carga simbólica sobre la identidad del país anfitrión. Uno de los momentos más comentados fue la participación de Jung Kook, integrante de BTS, quien interpretó Dreamers ante una audiencia mundial. Qatar entendió que la ceremonia era una plataforma de软实力, una inversión en percepción global que complementaba su estrategia de posicionamiento internacional.
Cuatro años antes, Rusia 2018 apostó por una fórmula distinta. La ceremonia realizada en el estadio Luzhnikí de Moscú fue más breve y sobria, pero contó con figuras de renombre internacional como Robbie Williams y la soprano Aida Garifullina. El espectáculo priorizó la tradición cultural rusa y la historia del fútbol por encima de los grandes despliegues tecnológicos, ofreciendo una apertura elegante y centrada en el simbolismo nacional, una decisión coherente con la narrativa que el Estado ruso buscaba proyectar.
Brasil 2014, en cambio, abrazó el espectáculo festivo que caracteriza al país sudamericano. Jennifer Lopez, Pitbull y Claudia Leitte interpretaron We Are One (Ole Ola) en una ceremonia marcada por la samba, la percusión, la capoeira y cientos de bailarines. El objetivo era proyectar al mundo una imagen vibrante de Brasil, utilizando la música y el baile como herramientas de identidad nacional.
Más allá del protocolo: la geopolítica del espectáculo
Si algo revelan las últimas ediciones de la Copa del Mundo es que las ceremonias inaugurales han evolucionado mucho más allá de los actos protocolares que dominaron gran parte del siglo XX. Hoy funcionan como plataformas de软实力, capaces de captar la atención de millones de personas incluso antes del primer partido, y de proyectar narrativas estratégicas sobre los países anfitriones.
En esa transformación, pocos nombres han sido tan recurrentes como el de Shakira. Mientras los futbolistas persiguen la gloria dentro del campo, la colombiana ha conseguido convertirse en una presencia permanente en la memoria musical de los Mundiales. El Mundial 2026, con su formato inédito de triple sede, ofrece además una lección sobre los beneficios de la integración regional y la cooperación entre naciones, un modelo que va más allá del deporte.