Hacer ejercicio no es solo cuestión de fuerza de voluntad. La biología evolutiva, la genética y el entorno social explican por qué la mayoría de las personas evita la actividad física, y por qué las políticas públicas deben diseñar entornos que faciliten el movimiento en lugar de limitarse a exhortar al individuo. Esa es la conclusión de un análisis publicado por El Comercio Perú a partir de estudios en neurociencia y psicología del comportamiento.
El dato de partida es contundente: según la Organización Mundial de la Salud, una de cada tres personas adultas y ocho de cada diez adolescentes no alcanzan los niveles mínimos de actividad física recomendados. Nueve de cada diez personas eligen el ascensor frente a las escaleras, y solo la mitad de quienes se proponen hacer ejercicio cumple su objetivo.
No evolucionamos para hacer ejercicio
«Nunca evolucionamos para hacer ejercicio», afirma el biólogo evolutivo de Harvard Daniel Lieberman. El ser humano se movía por necesidad: cazar, recolectar, explorar. El ejercicio, entendido como actividad planificada para mejorar la forma física, es una invención reciente en una vida cotidiana que la tecnología ha vuelto sedentaria.
El cerebro tiende a favorecer las conductas de menor coste energético, una herencia de entornos de escasez. Como resume el psicólogo canadiense Steven Pinker, no somos una hoja en blanco, sino organismos evolutivos diseñados para responder al mundo. Elegir la escalera eléctrica es, en el fondo, un mecanismo ancestral de ahorro de energía.
¿Cuánto pesa la genética en la motivación para hacer ejercicio?
Estudios en gemelos indican que alrededor del 60 % de la capacidad de autocontrol está condicionada genéticamente. La dopamina, neurotransmisor que regula el placer y la tolerancia al esfuerzo, varía entre individuos, e incluso la microbiota intestinal modula la disposición a moverse. La actividad física de la madre durante el embarazo, según los estudios citados, puede predecir los niveles de actividad de la persona adulta.
El marco conceptual lo aportan Daniel Kahneman y Amos Tversky: el «sistema 1», rápido e intuitivo, y el «sistema 2», lento y analítico. Mantener un hábito como el ejercicio depende del sistema 2, pero este recibe la influencia de mecanismos inconscientes que escapan al control consciente.
El entorno importa más que la culpa individual
Reconocer estos condicionamientos no es fatalismo, sino una razón para retirar el componente moral de la inactividad. El esfuerzo físico no cuesta lo mismo a todos, y el diseño urbano amplifica las desigualdades biológicas. El estudio Pasos, con más de 4.000 menores en España, halló que los niños de barrios de bajo estatus socioeconómico y baja accesibilidad peatonal juegan menos al aire libre y participan menos en deporte.
La respuesta eficaz, desde una perspectiva liberal, no es el sermón sino el diseño institucional: educación física, acceso universal a espacios recreativos e incentivos inteligentes. El ejemplo citado es elocuente: en Cluj-Napoca (Rumania) se puede obtener un billete de bus a cambio de 20 sentadillas. Más de 200.000 billetes emitidos demuestran que un esfuerzo biológicamente costoso puede convertirse en un juego de recompensa inmediata.
Como escribió Arthur Schopenhauer: «El hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer (elegir) lo que quiere». El verdadero acto de voluntad colectiva no consiste en repetir un simplista Just Do It, sino en construir entornos que inviten al movimiento.
Preguntas frecuentes
¿Por qué cuesta tanto empezar a hacer ejercicio?
Porque el cerebro humano está programado para ahorrar energía, una herencia evolutiva de entornos de escasez. El ejercicio planificado no formaba parte de nuestra historia biológica, donde el movimiento respondía a necesidades de supervivencia.
¿La falta de ejercicio es culpa de la persona?
No en gran medida. La genética condiciona cerca del 60 % del autocontrol, y factores como la dopamina, la microbiota intestinal, la experiencia personal y el diseño urbano influyen decisivamente en la motivación.
¿Qué políticas públicas ayudan a combatir el sedentarismo?
La promoción del ejercicio durante el embarazo, la educación física escolar, el acceso universal a espacios recreativos y los incentivos de recompensa inmediata, como el billete de bus por sentadillas en Cluj-Napoca.
